Cada vez que leas esto, tenes que acordarte que Maca te ama :)

She will be loved.

25 de abril de 2019

Intro. XX


Porque soy de quienes viven momento a momento, y les queda solo el recuerdo de lo que sintieron. Porque soy de lxs que viven en las nubes. Porque soy capaz de olvidarme muchísimas cosas. De esto no me quiero olvidar. De él no me quiero olvidar.
Viví muchísimas cosas. Tuve miles de experiencias con miles de personas distintas. Pero nada se compara a esto. Conocí a alguien que me hizo conocerme más a mi.
Conocí a un Martín. Que era la antítesis de un Tincho. Conocí a quien me hizo conocerme más a mi. No lo amé a él. Me amé a mi en el poco tiempo que pasé con él. Y eso no lo vivía hacía mucho tiempo.
Me conozco, y sé que a veces perduran más en mi memoria los sentimientos que los detalles. Pero en esta ocasión importan hasta los detalles. Porque no son cosa menor. Y porque esos detalles, el día que vuelva a leer estas líneas, no solo me van a conectar con él, sino también conmigo, cuando estuve con él.
Nuestro primer encuentro fue tan casual que asusta. Dependió de tantas cosas, que me hace creer en la suerte, y a él en el destino. Pero al fin y al cabo fue. Y fuimos. Desde una promo, una amiga, hasta la predisposición a un masajistx mujer u hombre y los horarios.
Y ahí terminé yo, en un turno de 60 minutos de masajes con Martín.
Para resumir, la mitad de mi estaba relajada por su talento y belleza; mi otra mitad haciendo el mayor esfuerzo posible para controlar esos impulsos que te hacen dejarte llevar con otra persona. Y sólo me dejé llevar (hasta lo que pude) por esos segundos impulsos de control, sólo por el lugar en donde se hubiera dado lo que fuese: su lugar de trabajo.
Sin embargo,  y no podía ser menos, una vez que terminó el turno no dudé en confesarle a mi amiga y compañera suya de trabajo, que me voló la cabeza ese ser. Tan compinche Majo, al punto que con el consentimiento del flaco, me pasó su número.
Sí. Claramente le hable. Y fue más fácil arreglar para vernos, que obedecer esas alarmas que me exigen levantarme a las 7am.
Fuimos a una cervecería. El me vio entrar; yo no lo vi al llegar. Fui al baño, y cuando volvía me lo cruce en las escaleras. Había perdido plata, y tenía que ir a su casa a buscar más. Fuimos en mi auto. Volvimos a la cervecería. No comimos. Hablamos y tomamos. Nos conocimos lo necesario como para saber que íbamos a vernos cada vez que nos fuese posible.
Nos vinimos al departamento. Lo fuimos todo. Me abrí a él, y él me mostró partes de mí que ni yo conocía. Descubriéndolo a él, me redescubrí a mí misma. Yo me conocía? Sí. Y él parecía conocerme incluso mejor que yo misma. Me iba redescubriendo. Miedo? Apenas. Fascinación? Muchísima. Y por sobre todo, plenitud. Me sentí en confianza, me sentí cómoda, me sentí plena. Me dio lo mejor que una persona le puede brindar a otra. El espacio y la confianza para que uno sea quien realmente es, o que se descubra.
Martín me hizo reconocerme, y me hizo conocer nuevas partes en mí misma.
Después del primer encuentro volvimos a vernos en lo de mi tía. Perdía la noción del tiempo. No me importaba nada mas que lo que éramos en ese momento. No me importaba nada más que lo que era yo cuando estaba con él. Ojala hubiésemos sido eternos.
Nos vimos de nuevo en lo de mi tía, sólo que esta vez también estuvieron presentes mi prima y mi hermano. Y él supo como ser uno mas de nosotros. Así de simple. Y nos fuimos, y supo reencontrar su lugar siendo la persona a quien yo había invitado a pasar las mejores noches de mi vida (se lo hice saber cada  vez que pude. Merecía saber que yo había conocido un universo nuevo con él)
Y la última vez que lo vi fue esa que el llamó “la despedida”. Me hubiera gustado darle todo. Siempre supe que él no necesitaba mas que unas birras, y verme. Pero lo mejor que se me ocurrió en mi improvisación fue sushi y birras. Él feliz, y recalcándome que no era necesario. Yo en cambio, pensando que jamás sería capaz de retribuirle ni la mitad de lo que fue para mí. Sin embargo, llegó en su bici, estuvimos, tomamos, charlamos, tomamos de nuevo, nos disfrutamos,  cenamos, tomamos otra vez, bailamos, volvimos a estar. Y se fue.
Es un ser tan bello, tan él, que no le costó ni la despedida, ni crear ese contexto ideal, casi de película en el que se llevó a cabo esa despedida en el hall del edificio. Yo en cambio no sabía que decirle. Será que no soy buena para las despedidas. Será que no sé despedirme. Será que tengo la esperanza de verlo de nuevo incluso. Se dé o no, pero tengo el plan de sorprenderlo una última vez.
En fin. Me dijo cosas que ya me olvidé. Pero tenían que ver con el placer que fue conocernos, con lo bien que compatibilizábamos, con lo lindo que era compartir tiempo, todo. Y al mismo tiempo me duele no acordarme específicamente de nada. Cómo me hubiera gustado grabar sus palabras. Porque lo que me queda es lo bien que me hacían sentir todas esas palabras.
Y también me queda el saber que no debo haberle dicho ni la mitad de lo que sentí en ese momento, mientras él supo como abrirse y despedirse por completo. Yo mientras tanto estoy acá con un nudo en la garganta.
Será que no me gusta despedirme porque no sé como hacerlo? Ojalá le hubiera podido decir todo lo que siento. Pero no fue así. Y tampoco importa, porque sé que el llegó a sentirlo, sin necesidad de palabras que se lo confirmen. Y ése es el tipo de personas que pediría a la vida cruzarme el resto de mi vida. Esas con las que lo importante está en lo que sinceramente sentimos.
Una vez, incluso conociéndolo poco y arriesgándome a que se ofenda, le confesé que él era de los conceptos mas lindos de mi vida. Él era un concepto vuelto realidad. Y tal vez en ese marco conceptual yo podré encontrar muchos en los años que me quedan de vida; ojalá así sea. Pero el siempre iba a ser el primero. El pionero de todo eso que me hizo sentir.
Siempre va a ser la primera persona con la que pude compartir más que un encuentro sexual. El por siempre va a ser la persona con la que no sólo pude explayar mi libertad, sino con quien incluso también pude conocerme más a mi misma. Y voy a estar agradecida eternamente. Ésa es la razón por la que me aterra olvidarme de él.
Siento que si me olvido de quién fue él, me voy a olvidar de quién fui yo estando con él. Y yo estando con él me sentí tan plena en todo sentido por primera vez en mi vida, que no me quiero olvidar nunca más.
El es una persona. Pero también es una persona en mi vida. Incluso es un concepto en mi vida. Y por ende va a ser por siempre, un aprendizaje en mi vida.
Mi mayor deseo para con él fue que ojalá de todo esto, el sacara o disfrutara al menos un cuarto de lo que disfruté yo con él. Y se que lo hizo. Pero es un deseo desde un lugar tan profundo en mi corazón que ojalá haya sido así de importante.
Ojalá todos se crucen con un Martín en sus vidas. Ojalá conozcan esos ojos sinceros. Esos oídos pacientes. Esas palabras compañeras. Esos labios apasionados. Esas manos curiosas. Ese corazón empático. Incluso aunque no lleguen a sentir jamás la conexión que yo tuve con él, se las deseo.  Porque esas cosas te marcan. Te hacen conocerte más a vos mismx. Y te hacen tener la esperanza de seguir conociendo personas realmente hermosas.
No le saqué ni una sola foto. Con lo que me gusta sacarle fotos a las personas…
Me deseo a mi misma, recordar por siempre todo aquello que me quedó grabado de él en lo más profundo de la retina, el aprendizaje y el corazón.

 

Martín Cinn


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